Preparando las huelgas globales contra el cambio climático

¿Qué camino debe seguir el movimiento?

15/09/2019, Eleni Mitsou, Xekinima (CIT en Grecia)

El año escolar 2018/2019 estuvo marcado por las huelgas estudiantiles masivas que sacudieron al mundo. Greta Thunberg, una estudiante sueca, a la edad de 15 años, dejó de ir a la escuela para protestar fuera del Parlamento, exigiendo que el gobierno tratara el cambio climático como una crisis y actuara en consecuencia. Suecia acababa de ver el verano más caluroso de su historia y más de 60 incendios forestales [1]. 

La huelga de Greta inspiró a cientos de miles de estudiantes en todo el mundo. Las huelgas y manifestaciones climáticas semanales estallaron desde Australia hasta Canadá, y desde Alemania hasta Bélgica, Inglaterra y así sucesivamente. En el punto álgido del movimiento se produjeron dos huelgas y protestas contra el cambio climático mundiales en marzo y mayo, en las que participaron entre 1,4 y 1,6 millones de estudiantes y jóvenes de 128 países de todo el mundo [2]. 


Con las nuevas huelgas climáticas mundiales y las protestas previstas entre el 20 y el 27 de septiembre, la pregunta que se plantea es: ¿cómo puede este movimiento avanzar, crecer y alcanzar sus objetivos? 

¿De qué lado están?

Bajo la presión del movimiento climático, los gobiernos de Gran Bretaña, Francia, Canadá e Irlanda han declarado una emergencia climática. Sin embargo, no han tomado ninguna medida concreta para abordar el calentamiento global y el cambio climático que se deriva de él. Por el contrario, siguen dando 27.500 millones de dólares al año a la industria de los combustibles fósiles, tanto en el país como en el extranjero, a través de subvenciones, reducciones de impuestos y otras ayudas financieras [3].

Varios directores generales de grandes empresas, que han formado un grupo llamado "El Equipo B", también afirman apoyar las huelgas contra el cambio climático y trabajar en soluciones y políticas sostenibles en sus empresas. Sin embargo, un análisis más detallado de las propuestas y políticas "sostenibles" que estos ejecutivos ofrecen, revelan que son pseudo soluciones o simples lavados de cara medioambientales. 

Sir Richard Branson, por ejemplo, cofundador del "Equipo B" y director general del "Grupo Virgin", declaró que Virgin Airlines utiliza biocombustibles en varios vuelos. Sin embargo, los biocarburantes no son una solución ecológica ni sostenible [4, 5]. Hace un año, Branson celebró el uso en un vuelo comercial de otro tipo de combustible de aviación supuestamente ‘sostenible'. Una vez más, el combustible no procedía de fuentes de energía renovables, ni de la tecnología del hidrógeno ni de ninguna otra tecnología ecológica. Procede de 'gases ricos en carbono industrial reciclado' [6]. Virgin afirma que el combustible producido por el reciclaje de gases industriales emite una cantidad significativamente menor de gases de efecto invernadero. Aunque esto aún no ha sido probado (por científicos que no trabajen para Virgin), el combustible sigue siendo fósil y el proceso de 'reciclaje' no lo hace verde. 

No se puede confiar en los ejecutivos de las grandes empresas ni en los políticos de los partidos del establishment que dicen estar del lado del movimiento. Los científicos han estado emitiendo serias advertencias sobre los efectos de las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta desde principios de la década de 1960. Sin embargo, la primera cumbre climática se celebró casi 20 años después, en 1979 en Ginebra. Fue más o menos al mismo tiempo que las grandes empresas petroleras como Exxon llegaron a la conclusión de que la quema de combustibles fósiles afecta el clima de la Tierra y que en las próximas décadas se produciría un aumento de la temperatura de 1 a 2°C [7]. Cuarenta años después, los gobiernos de todo el mundo no han tomado ninguna medida sustancial para detener o al menos frenar el calentamiento global y el cambio climático. 

Frente a una crisis climática que amenaza la vida en la Tierra tal como la conocemos, los gobiernos capitalistas todavía no están dispuestos a tomar las medidas radicales necesarias para abordar el calentamiento global. La razón es que no están dispuestos a chocar con algunos de los más prominentes "miembros" de la clase cuyos intereses representan, a saber, las grandes empresas de petróleo, gas y carbón y otros grandes sectores industriales que dependen absolutamente del petróleo y el gas para sus productos y beneficios, como la industria del plástico. 

La industria de los combustibles fósiles produce el 86% de la energía del planeta (electricidad, calefacción, combustible, etc.) [8] y, según uno de los últimos estudios del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC en sus siglas en inglés), "el uso de energía fósil es responsable de aproximadamente el 85% de las emisiones de CO2 de origen humano producidas anualmente" [9]. Por lo tanto, no hay otra manera de detener el calentamiento global y el cambio climático que detener la minería y la quema de petróleo, gas y carbón y recurrir a fuentes de energía renovables y otras tecnologías verdaderamente verdes.   

Cómo fortalecer el movimiento huelguístico contra el cambio climático 

Por lo tanto, las huelgas contra el cambio climático deben continuar y deben crecer, tanto en términos del número de jóvenes que participan en ellas como del número de países en los que tienen lugar, pero también en términos del desarrollo de huelgas de la clase obrera, en particular huelgas generales que pueden paralizar la producción capitalista y amenazar los beneficios de la élite capitalista. Y, por supuesto, estas acciones deben organizarse de forma más democrática y eficaz. 

Las redes sociales y las iniciativas personales han ayudado enormemente a construir este movimiento y a organizar jornadas de huelga mundial, pero también han dejado espacio para que se desarrollen direcciones autoproclamadas, que a menudo compiten entre sí, convocan huelga en diferentes fechas o en diferentes lugares, como es el caso, por ejemplo, de Bélgica. Este enfoque también significa que se presentan demandas arbitrarias y deja espacio para que los representantes de las grandes empresas y los partidos del establishment se unan a las acciones, fingiendo apoyar al movimiento y su causa. 

Si en todas las escuelas se celebraran reuniones semanales o quincenales sobre el clima, y cada escuela eligiera un comité o un grupo de representantes para discutir, planificar y coordinar las demandas y las acciones de huelga con los comités de otras escuelas, sería un gran paso adelante hacia una forma más eficiente y democrática de organizar el movimiento y movilizaría a un número aún mayor de personas. Si los comités juveniles se coordinaran de la misma manera con comités similares elegidos en centros de trabajo y barrios, entonces un movimiento masivo y extremadamente poderoso que uniera a la juventud con la clase obrera saldría a la luz.

Los estudiantes por sí solos no pueden obligar a los capitalistas que controlan la economía y toman todas las decisiones políticas a aplicar las medidas radicales necesarias y coordinarlas a escala mundial para salvar el planeta. 

El movimiento climático puede crecer en número y fuerza al vincularse con otros movimientos y luchas ambientales sobre una base "local", como la lucha contra la extracción de lignito (un tipo de carbón) en Alemania, la desastrosa minería de oro en Grecia, Turquía y Rumania, el “fracking”, las perforaciones petrolíferas en alta mar, los nuevos oleoductos de combustibles fósiles en Canadá, Inglaterra, Estados Unidos y otros lugares. También es importante la acción conjunta con los pueblos indígenas de las Américas para preservar su tierra y sus reservas de agua, o contra la destrucción de los bosques tropicales en Indonesia, Brasil y África, o con la lucha del pueblo Ogoni en Nigeria contra Shell. 

También se deberían establecer vínculos y acciones conjuntas con otras campañas y movimientos, como el movimiento feminista, que ha organizado movilizaciones increíbles en los últimos años y ha obtenido varias victorias importantes; el movimiento LGTBI y también el movimiento antirracista y antifascista; no olvidemos que los partidos y grupos de extrema derecha son negadores del cambio climático o, en el mejor de los casos, niegan que el cambio climático se deba a las emisiones de gases de efecto invernadero. 

Lo más importante es que las huelgas estudiantiles contra el cambio climático deben vincularse con el movimiento de los trabajadores y trabajar hacia un movimiento unificado y consolidado de trabajadores y jóvenes. Las huelgas de los trabajadores tienen el poder de derribar gobiernos, de imponer cambios radicales en la sociedad y, bajo ciertas condiciones, de provocar revoluciones. Tienen este poder porque los trabajadores son los que producen todos los bienes y servicios de la sociedad; producen toda la riqueza, incluyendo los beneficios de los ricos. 

El intento de construir un movimiento de este tipo no es una tarea fácil. En una época en la que la gran mayoría de los dirigentes sindicales han alcanzado un nuevo nivel de burocratismo y degeneración y en muchos casos no convocan huelgas para luchar contra despidos, cierres de empresas, recortes salariales u horribles condiciones de trabajo, es muy improbable que convoquen acciones reales por el medio ambiente. La mayoría de los dirigentes sindicales ignoran el movimiento de huelgas contra el cambio climático y en los pocos casos en que lo apoyan verbalmente, no están preparados para tomar la iniciativa. Verdi, por ejemplo, el sindicato alemán de servicios, que cuenta con 2 millones de afiliados y que trata de presentarse como luchador contra el cambio climático, pidió a sus miembros que se sumaran a las huelgas si podían, pero dejó claro que no convocaría una huelga oficial [10].

Así que cuando los sindicatos están controlados por direcciones burocráticas y degeneradas, los activistas contra el cambio climático deben llegar a las bases de los sindicatos, a los delegados sindicales y frentes amplios de izquierda, ganárselos al movimiento contra el cambio climático y tratar de crear comités de huelga en los sindicatos que organicen las bases y ejerzan presión sobre las direcciones sindicales para que luchen activamente contra el cambio climático. Esto también reforzará la resistencia genuina a todos los ataques contra los derechos, los salarios y los puestos de trabajo de los trabajadores.   

La lucha ambiental y la lucha laboral no se oponen entre sí. Los capitalistas y los burócratas sindicales intentan enfrentarlos en varios países y sectores de la economía, alegando que las políticas ambientales, el cambio de combustibles fósiles a energías renovables, etc., conducirán, entre otras cosas, a la pérdida de puestos de trabajo y al aumento de los impuestos. Sin embargo, si los sindicatos en lucha y los comités elegidos democráticamente de trabajadores, jóvenes, etc., toman el control del proceso de cambio de una economía de carbono a una economía verde y sostenible, pueden garantizar que no se pierdan puestos de trabajo, que los trabajadores se reciclen cuando sea necesario y que se les paguen salarios decentes durante todo el proceso. Además, el paso a las tecnologías verdes es, en muchos casos, la solución ideal para garantizar los puestos de trabajo de los trabajadores. Los trabajadores del emblemático astillero Harland & Wolff de Irlanda del Norte, por citar sólo un ejemplo, que luchan por salvar sus puestos de trabajo, exigen que el Gobierno nacionalice el astillero para salvar su futuro. Argumentan que podrían producir turbinas eólicas para desempeñar un papel importante en la transición de Irlanda hacia energías renovables y una economía verde [11]. 

La lucha por el futuro

La ONU ha advertido que sólo tenemos poco más de una década para tomar las medidas necesarias para mantener el aumento de la temperatura mundial 1,5ºC por encima de la de la era preindustrial. Este es el aumento de la temperatura global que se espera entre 2030 y 2052. 

Si podemos detener el aumento de la temperatura global a 1,5°C, entonces la próxima generación tendrá la oportunidad de volver a la "era del Holoceno", o al menos cerca de ella. Esta es la era del hombre moderno en la que la civilización humana se desarrolló y ahora está en peligro de desaparecer. Un aumento de la temperatura de más de 1,5°C no significa el fin de la vida en la Tierra. Pero sí significa el fin de la vida en la Tierra tal como la conocemos. Las vidas de cientos de millones e incluso miles de millones de personas se verán gravemente amenazadas, se perderán millones de especies y grandes partes de nuestro planeta quedarán inhabitables.

Los jóvenes y los trabajadores, los movimientos ambientalistas, feministas, LGTBI y antifascistas deben luchar juntos contra el calentamiento global y el cambio climático. Y debemos ser conscientes de que esta es una lucha que desafía al propio sistema capitalista, porque las siguientes políticas y acciones son necesarias para salvar el planeta y son incompatibles con el capitalismo y su funcionamiento.      
  • El uso de energía fósil es responsable de aproximadamente el 85% de las emisiones de origen humano de CO2 producidas anualmente. Debemos poner fin a la quema de combustibles fósiles para la producción de energía y plásticos en los próximos años y dar un giro drástico a las tecnologías que utilizan fuentes de energía renovables (viento, sol, olas, etc.) e hidrógeno [12]. La tecnología para hacerlo está disponible. Lo que le falta al sistema es la voluntad política de hacer la transición.  
  • La industria de los combustibles fósiles y sus productos representan el 91% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la industria mundial y alrededor del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la actividad humana. Sólo 100 empresas en el mundo representan aproximadamente el 71% de las emisiones industriales de gases de efecto invernadero y la mitad de las emisiones del planeta relacionadas con la actividad humana [13]. Ninguno de ellos renunciará voluntariamente a los cimientos sobre los que prosperan sus ganancias. Por lo tanto, tenemos que poner a estas empresas bajo la propiedad y el control de la sociedad, utilizar su riqueza para convertirlas, sin perder puestos de trabajo, en empresas que produzcan energía y combustible utilizando fuentes de energía renovables y tecnología del hidrógeno, y planificar la producción de energía sobre la base de las necesidades sociales y no de los beneficios capitalistas.
  • Un número muy pequeño de empresas controlan la gran mayoría de la producción y el comercio mundial de alimentos. Son responsables del 75% de la deforestación en todo el mundo, del 15-20% de las emisiones de CO2, de la destrucción de otros ecosistemas valiosos y del uso masivo de agroquímicos que afectan tanto a la naturaleza como a nuestra salud. La agroindustria y la industria alimentaria son también los segundos mayores contribuyentes a otras emisiones de gases de efecto invernadero, como el metano (56%). Son responsables del 19-29% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la actividad humana [14]. Tenemos que quitar estas corporaciones de las manos de los capitalistas, detener la deforestación, organizar un programa de reforestación masiva a nivel mundial y planificar la producción de alimentos de una manera sostenible y ecológica, lo que incluye cultivar más de nuestros alimentos a nivel local, utilizando variedades tradicionales de semillas y ganado y también (re)educar a la población sobre la cuestión del consumo excesivo de carne y sus efectos negativos tanto en el medio ambiente como en la salud personal.  
  • Debemos implementar un plan de inversión pública masiva en transporte público gratuito, de alta calidad y eficiente, construcción ecológica y mejoramiento de viviendas, instalaciones de reciclaje y reparación, en lugar de incinerar residuos y/o enviarlos al extranjero. Todas estas medidas son más que asequibles si la riqueza que todos producimos no es apropiada por una pequeña élite que controla la economía y el establishment político.
  • Todas estas acciones, así como las necesarias para reparar el daño ambiental de los ecosistemas, podrían proporcionar millones de nuevos empleos decentes. Los trabajadores de las industrias y sectores afectados por la transición necesaria deben tener garantizados los puestos de trabajo y la reconversión profesional sin pérdida de salario. Invertir en energía renovable proporciona muchos más empleos: por cada uno de los empleos que proporciona la inversión en combustibles fósiles, el mismo dinero produce entre 5 y 7 empleos "verdes" [15]. 
  • Necesitamos un gran aumento de la financiación pública para la investigación científica democrática e independiente a fin de comprender y combatir mejor el cambio climático, seguir desarrollando tecnologías para la producción y el almacenamiento de energía verde, seguir desarrollando materiales respetuosos con el medio ambiente (por ejemplo, materiales que sustituyan al plástico, hormigón y materiales de construcción respetuosos con el medio ambiente), etc. El dinero del gobierno que ahora se gasta en subsidios, exenciones fiscales e incentivos para las empresas de combustibles fósiles debería destinarse a la investigación. No es necesario insistir en que los resultados de esta investigación deben pertenecer a toda la sociedad y utilizarse para el bienestar común. No se debe permitir que las grandes empresas los compren, patenten y utilicen con fines de lucro.  
  • Este es NUESTRO planeta, por lo que debemos planificar y dirigir democráticamente la economía sobre la base del derecho de todos a una vida libre de pobreza, opresión y destrucción; sobre la base de la sostenibilidad para garantizar que todos tengamos un futuro en este planeta. Luchar contra el capitalismo para sustituirlo por una sociedad basada en la satisfacción de las necesidades de la gente, no en los beneficios de las empresas, en el respeto del medio ambiente y no en la destrucción, en la verdadera democracia y no en el control corporativo de la economía y la vida política: ¡una sociedad socialista democrática! 
12] Para que el hidrógeno sea respetuoso con el medio ambiente, debe producirse mediante electrólisis del agua, alimentada por tecnologías de fuentes de energía renovables y no a partir de, o con el uso de, gas natural y otros combustibles fósiles.